Saturday, July 10, 2010

El delicioso encanto de los Hamptons







Si quieres tener una idea del delicioso mundo de los Hamptons las palabras clave son: ropas en color pastel, topsiders, Ralph Lauren, sábanas blancas, country, yates, juegos de Polo, antiques, golf, tenis, playas con un mar helado, cocina gourmet, frutas y vegetales frescos, langostas y mariscos recién pescados, cenas privadas y muy elegantemente casuales con amigos –y un estilo de vida con gran estilo, aunque muy laid back, idílico, donde nada te perturba y todo es exquisito y maravilloso.

Muchas socialites – no pueden dejar de veranear en la exclusiva zona neoyorquina, donde
tanto millonarios de la vieja guardia, como los obvios nuevos ricos viven felices, en una atmósfera exquisita y a la vez muy bucólica: rodeados del mar, molinos de viento, antiguas mansiones, restaurantes gourmet, boutiques, viñedos, puestos de flores y vegetales junto a la carretera Así son los deliciosos Hamptons –¡donde siguen al pie de la letra un código de conducta muy peculiar, establecido desde el siglo XVII !

Si se preguntan qué son exactamente Los Hamptons – pues así debemos llamarlos, sin cambiar una letra— les diré que son un grupo de pueblitos junto al mar, situados en la punta de Long Island, a un par de horas en auto de la ciudad de Nueva York, que por años han sido el refugio de millonarios que deseaban escapar de la ciudad y encontrar una vida 100 por ciento diferente –a corta distancia del centro de Manhattan. A pesar de que continuamente hay lugares nuevos que se ponen ‘de moda’ y después caen en el olvido, los Hamptons siguen siendo el lugar de veraneo de los neoyorquinos cool y elegantes.

Y cuando batallo el terrible tráfico del Long Island Expressway el viernes en la noche y al fin llego a ellos, no puedo dejar de asombrarme de que una atmósfera tan campestre y apacible exista tan cerca de la locura sofisticada de Nueva York. Bridgehampton, Southampton, East Hampton y sus primos hermanos, los pueblos de Sag Harbour, Shelter Island, Hampton Bays, Amagansett y Montauk – todos situados a corta distancia unos de otros– fueron establecidos a finales del siglo XVII por colonos holandeses y después ingleses; hoy en día tratan de mantener a toda costa la atmósfera cozy de aquellos tiempos.

“Para que nada cambie”, me dice un amigo, orgulloso dueño de una divina casa del siglo XVIII , y me explica que sus ciudadanos han pasado estrictas leyes que mantienen intactas la arquitectura colonial de sus fachadas, muy al estilo small town America. Todo esto logrado con mucho trabajo, aunque a cinco minutos, en sus playas y campos, existan espectaculares mansiones valoradas en US$ 40 y 50 millones. Y lo más curioso es que en este paraíso de los famosos (Steven Spielberg, Renée Zellweger, Jerry Seinfeld, los Kennedy, los Bouvier, Robert De Niro, Martha Stewart) los que allí veranean, o tienen casa “de toda la vida”, tratan de pasar desapercibidos, luciendo muy casuales –¡casi descuidados!– con sus bermudas y topsiders viejitos, y sus Polos desvaídos de tanto lavarlos.

Es el look políticamente correcto porque los Hamptons son, definitivamente, territorio de Ralph Lauren, Lacoste o Tommy Hilfiger –¡y no de Versace o Roberto Cavalli! Y cuando vemos alguien con ropa nueva, muy a la última moda, enseguida nos damos cuenta que es un day tripper (una persona que está de visita por el día) curioseando un mundo muy preppy, al que no pertenece.

Es que los Hamptons, con su aire campestre y playero, sus típicas calles muy ‘americanas’, con antiguas construcciones de madera y un gran esfuerzo por mantener su look colonial, son también pueblitos muy esnob, que compiten unos con otros por ser el más exclusivo y caro, y los visitantes ocasionales no son bien vistos. Para pertenecer y ser aceptados con todas las de la ley (no escrita), es de rigor tener allí una casa de verano, alquilar una por la temporada ¡o tener amigos generosos que te inviten a pasar con ellos el fin de semana! Y para evitar el turismo en masa es curioso notar que en una zona tan grande y famosa existe un reducido número de
hoteles o bed and breakfast –ubicados en su mayor parte al final de la isla, en las zonas más populares de Amagansett y Montauk, no consideradas parte integral de los exclusivos Hamptons.
Por supuesto, si viajas fuera de estación –antes de finales de mayo o después de septiembre– todo cambia: miles de veraneantes (y hasta los mal vistos day trippers) están ausentes, planeando en sus pisos de Manhattan sus próximas vacaciones en los Hamptons, a donde los que no tienen auto llegan en su famoso autobús Hampton Jitney.

Fuera de estación es cuando puedes descubrir los pueblitos con total tranquilidad, sin preocuparte de conseguir reservación en los restaurantes famosos, en donde todos
sonreirán al verte entrar y nadie te tratará con attitude. Podrás observar la grandeza de sus mansiones al borde del mar –como las que encontrarás en Gin Lane en Southampton– y las solitarias gaviotas y altas dunas de sus desiertas playas.

Durante muchos años tuve una casa de playa en un pueblito cercano a Southampton y aprendí a enamorarme de la zona. Pues tan pronto llegábamos la noche del viernes y comenzábamos a abrir ventanas y arreglar la casa para el fin de semana, nos sentíamos ya muy lejos de las complicaciones de la vida en Nueva York. Era llegar a un mini-paraíso a dos horas y media de Manhattan.

Thursday, July 1, 2010

El vertiginoso mundo digital


Hoy me estaba riendo sola. Y me di cuenta que es algo muy saludable, porque el vivir sola, como lo hago yo, no debe implicar silencio, sino también el sonido de nuestra propia risa.

Estaba riéndome mientras leía un artículo simpatiquísimo -y escrito con mucho 'wit'- en la revista inglesa Tatler, la que adoro y a la que estoy suscrita. Y con la misma quise compartir el buen momento ---y se lo envié por email a una de mis mejores amigas, para que disfrutara su ingenio y el fabuloso sentido del humor del artículo -- ¡y me reí aún más cuando me contestó -sin leerlo, por supuesto, porque procedió a 'delete it', lo que pude ver en AOL- "¡Ay, pero qué interesante este artículo!"! Y lo más gracioso es que era de todo menos 'interesante'.

Pero es que así son las cosas cuando la comunicación entre seres humanos es mayormente por email y texting. Y así fue que mi amiga se perdió una lectura que le iba a encantar y me envió una respuesta absurda, quizás agobiada por tantos emails.

No me quejo de ello, pero es algo que cuestiono más y más últimamente. Uso muchísimo el email y el Blackberry (detesto el texting), herramientas esenciales de mi trabajo y de mi vida diaria ---pero comprendo que es un fenómeno que ha cambiado completamente la estructura y el estilo de nuestras vidas. Ahora el día comienza y termina con la lectura a fondo del email que recibimos. Además del tiempo que dedicamos a ello durante el día, en todo momento. ¿No será que esta comunicación contínua e instantánea está tomando por asalto nuestras vidas sin permitirle ni un minuto de descanso?

Y lo peor es que un gran número de esos mensajes requieren respuestas --¡inmediatas! --y cuando se acumulan nos agobian muchísimo. ¿Y qué me dicen cuando recibimos mensajes de personas de negocios que son casi extraños y nos hacen sentir culpables si no les contestamos? ¿Y de los 'amigos' que surgen en Facebook e igualmente nos hacen sentir mal si los rechazamos?

Me parece que la solución es establecer ciertas reglas y horarios para que ésto no siga interrumpiendo nuestras vidas. ¿No les parece? Una disciplina y un protocolo. ¡Y si es posible bastante rígido! E igual que nos levantamos, desayunamos, nos bañamos. nos vestimos, etc. ---pues así debe haber un momento disciplinado en que leemos y contestamos emails. Y punto. Yo le dicho a mis amistades que por favor no me manden 'texts' --y la verdad es que me han obedecido. Igual que cada día marco más correos como 'spam' --y me he librado de cientos de mensajes que me tomaba tiempo 'delete'. Y cuando salgo a la calle y no estoy esperando algo urgente --¡he comenzado a dejar en casa mi Blackberry! ¡Qué liberación!

Si logramos establecer esta disciplina me parece que podremos navegar con más paz y tranquilidad este mundo digital que por otro lado nos ofrece tantas maravillas. Y surcar el Internet, visitar museos, leer periódicos y revistas de otros países, ver films, hacer 'research' de temas que me interesan, ver videos maravillosos en You Tube, establecer contacto con amigos que llevábamos años sin saber de ellos, disfrutar fotos divinas, blogs fabulosos...¡un mundo tan ancho y tan profundo el que se nos ha abierto en pocos años! Aunque lo único malo es que no tenemos suficiente tiempo para disfrutarlo a plenitud.

También tengo que admitir algo negativo: que ahora leo menos libros -pues solo cuando viajo tengo las horas para hacerlo, en el avión o en la playa. Y aunque todavía no he entrado en lo del Kindle y los EBooks, porque me gusta sentir en mis manos el volúmen y las páginas del libro en sí -- me he sentido tentada de probar los EBooks. Y los he visto en las tiendas, etc, etc, etc...

¡Es que es tan vertiginosa la velocidad con que cambia nuestro mundo! ¡Y como los estilos de vida y los esquemas en que confiábamos se hacen obsoletos de un minuto a otro! Esto requiere -como dicen ahora - un cambio de 'chip' ....Y comprendo ahora -porque entonces no lo hice y pensé que estaba exagerando -- el genuino llanto de mi amiga Zoé Valdés cuando hace 3 o 4 años llegué a su casa de Paris y lloraba porque venía de una reunión de escritores, donde le habían dicho punta en blanco... "que los libros se van a acabar".

Un momento que me pareció imposible....¡Y que ya casi ha sucedido!